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EN EL PUNTO
Por:
Antonio González Díaz |
MÉXICO: ENTRE EL OLOR A PÓLVORA Y EL HEDOR A MUERTE
Insisto en que no soy un periodista que diga “la
verdad”, ya que esta puede manipularse a conveniencia y
no existe una absoluta. Yo me defino como un reportero
que intenta mostrar la realidad, y esta dista mucho de
las cifras y estadísticas, por ello casi no las utilizo.
Las
cifras y estadísticas nos enseñan que durante el
presente sexenio se han decomisado cantidades nunca
antes aseguradas de droga, dinero y armas al crimen
organizado (o desorganizado). Estas cifras, que a muchos
marean y a otros tantos más los aturden, también nos
hacen ver que ha habido muertes como nunca antes.
Pero
todas estas cifras huecas y sin sentido no movieron ni
una fibra de mis sentimientos. Los “numeritos” me han
vuelto insensible a ellos.
Pero
la “realidad”, la que se vive en las calles, en el día a
día, esa sí cómo me ha calado. Bastó sólo un par de
telefonemas para enfrentarme a ella.
La
primera llamada la hice hace tres semanas. Mi
interlocutora se ubicaba en Culiacán, Sinaloa, y me
confesaba que la situación estaba muy, pero muy difícil
allá. Me confesó que vive con miedo, como muchos miles
más. Me advertía que cada día, cuando salía de casa, era
una despedida profunda de sus familiares. Nadie sabe si
tendrá la fortuna de regresar.
“Andas
caminado, mirando hacia todos lados, cuidando de por
dónde te va a llegar la bala”, decía. “Hace apenas unos
días, entraron a un taller mecánico y abrieron fuego
contra quien encontraron a su paso. En el lugar mataron
a un señor y a su hijo, tendrían cincuenta y treinta
años. Ambos maestros universitarios. Pero lo que son las
cosas. Esa misma familia, hace como tres años perdió a
un miembro. Era un pequeño que murió por una bala
perdida. Lo que son las cosas y la suerte. Mataron al
abuelo, al padre y al hijo”, asentó.
Pero
lo que mi contacto veía como mala fortuna, yo lo
interpreté de forma distinta. Para mí, el hecho de que
los miembros de tres generaciones murieran en
circunstancias similares, muestra la probabilidad de
morirte en Sinaloa. No hay vuelta de hoja.
“Tengo
miedo y no lo puedo evitar”, asentó otro de mis
contactos en esa misma ciudad. “La otra noche estaba
recostada en mi cama, cuando de repente escuché unas
metrallas, eran dos grupos de malandros que se estaban
disparando de camioneta a camioneta. No pude hacer nada
más que arrastrarme hasta el cuarto de mis papás y
rogarle a Dios que no se acercaran más. En mi recorrido
hacia la recámara lo único que pensé fue: ‘Dios, déjame
estar junto a mis papás, no me dejes morir lejos de
ellos’. Los segundos que duró fueron eternos. De repente
todo se silenció y poco a poco el sueño me ganó. Me
hubiera gustado que todo fuese una pesadilla.”
Hace
unos días estuve en la capital de Chihuahua y una frase
de un niño de cerca de ocho años, cuando se despedía de
su mamá hizo que me paralizara: “Con la bendición y
gracia de Dios nos vemos al rato mami, pero por si no
regreso recuerda que yo siempre te he querido”. Tal
pareciera que el niño se dirigiera a la guerra o a un
empleo extremo. Pero no, el pequeño sólo iba al Wendys a
comer una hamburguesa con su papá.
No sé
si Gobierno y ciudadanos estemos haciendo lo suficiente
para acabar con la delincuencia y el narcotráfico. No
tengo idea de cuánto falte y tampoco sé si se va por
buen camino. Es más, ni siquiera tengo cierto si se ha
iniciado un combate con él. Lo que sí sé, es que la voz
se me quiebra cada que hablo con mis contactos en
Culiacán y que la madurez del niño chihuahuita me dejó
atónito.
Lo que
sí sé, es que a cada instante esa “realidad” que
intentan mostrar las cifras, dista mucho del nudo en la
garganta que unas pocas palabras han desatado en mí. Y
mi impotencia es proporcional al miedo de “mi gente”.
Sólo me resta confiar en que algún día alguien tenga que
hacer lo que debe de hacer y deje de simular algo que
sólo nos está llevando entre las patas a gente como
usted y como yo.
Punto
y aparte.
Este
mes de agosto cumplo cuatro años de publicar este
espacio de opinión llamado “En el Punto”. Son 1460 días
de tener la fortuna de abrir un puente entre usted y yo.
No tengo nada qué decir más que la bendita palabra
inventada por alguien que debió ser muy sabio: GRACIAS.
Contacto: buzonantonio-columna@yahoo.com.mx
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Antonio González Díaz
Periodismo joven y sin compromisos es el que lo caracteriza. Desde muy
pequeño soñaba con ser reportero, no era raro verlo jugar a estar frente
a un micrófono informando a la gente y así fue. Desde que comenzó la
carrera de Comunicación y Periodismo se coló en los medios: Radio,
Televisión, Internet, Periódicos y Revistas le han dado espacio a su
pensamiento, el cual causa controversia, incomodidad o alivio, pero
jamás resulta indiferente. En pocos años “En el Punto” se ha colocado en
el gusto de cientos de lectores que poco a poco lo han identificado y
exigido en diferentes publicaciones.
“Mi forma de hacer periodismo no es objetiva, no soy un objeto, mi
quehacer es humano, pero sobretodo, honesto”, afirma González Díaz,
becario de la
Fundación Nuevo
Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, de
Prensa y
Democracia, México y de la
Konrad Adenauer
Stiftung de Alemania, entre otras.
Reportero, enviado especial, conductor, redactor, corrector de estilo,
coordinador de contenidos, diseñador creativo, asistente de producción,
mensajero, jefe de corresponsales; son algunas de las funciones que ha
tenido en su quehacer profesional, “ninguna más importante que otra, sino
piezas del engranaje necesario para alcanzar la excelencia profesional”,
refiere.
“Poder servir a la gente es lo que más me fascina de mi profesión”,
afirma.
Desde hace seis años ha hecho un seguimiento muy cercano al caso de los
asesinatos y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua,
investigación que se ve reflejada en el libro “Los Derechos Humanos cono
Noticia” del cual es coautor.
“La sociedad está cada día más ávida de un periodismo que sirva y funcione
como contrapeso al poder. Los medios de comunicación deben ser eso, un
medio entre las cúpulas y la sociedad en general. Es ahí donde nuestra
labor se hace vital y exige la máxima preparación. Entender más para
informar mejor debe ser la constante de los periodistas” sostiene el joven
periodista.
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