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*La experiencia de los ciudadanos que contaron los votos
del 5 julio, dan certeza de legitimidad a los procesos electorales.
Por: Mauricio Zapata/CNT/Hoylaredo.net
Cd. Victoria, Tam. 03/07/012.- La historia de quienes
cuentan los votos y su experiencia como funcionarios de casilla
pocas veces se platica.
Son ellos uno de los principales protagonistas de una elección. Son
ellos los que le dan certeza y legitimidad a una contienda.
Pero nadie los voltea a ver.
Normalmente, la gente se fija en el candidato ganador, quizá en el
gobernante, y hay otros que se estremecen con el líder del partido
triunfador.
Pero es la ciudadanía, ellos, los insaculados, los que cuentan los
sufragios, los que héroes anónimos, los que un error les daría la
victoria o la derrota a un aspirante, son ellos los que nadie sabe
su nombre, ni siquiera los conoce.
Es el caso Fahara y Juan Antonio. Una fue escrutadora en la sección
1601; el otro Secretario en la sección 1624.
A la primera quienes la conocen, saben que da clases de zumba; el
otro es un empleado en una ferretería, pero además fueron
funcionarios de casilla en la elección del 1 de julio.
Aún no se reponen de la cansada jornada del domingo pasado, pero no
pueden descuidar su trabajo, de eso viven.
Fahara tiene 23 años y fue escogida, mediante un “sorteo” para ser
uno más de esos héroes anónimos.
Juan Antonio tiene casi 60.
Para Fahara fue una experiencia inolvidable.
“En principio me negué, soy apolítica, solo una vez he ido a votar,
no me interesaban las elecciones”, dijo de entrada mientras hacía su
trabajo.
¿Y entonces cómo fue que te animaste a participar?, se le preguntó.
“Me llamó la atención los comerciales del IFE donde decía que si no
éramos nosotros, quién contaría los votos”, dijo.
Y añadió: “Me fueron a buscar tres veces, las dos anteriores me
negué, pero después me convencieron”.
Aún con ojeras por no reponerse de las largas jornadas de
capacitación, que normalmente, cuenta, fueron en la noche y después
de casi 1 2 horas de estar en su casilla, señala que fue una
experiencia inolvidable, buena y que cumplió con un deber ciudadano,
aunque después ría y saca la lengua como simulando estar bromeando.
Juan Antonio, también en un principio se negó. Dijo que no quería,
pensaba que no tenía por qué prestarse a un
fraude.
“Pero no, aquí nadie hace fraude, tenemos muchos ojos encima, no, al
menos en las casillas, nosotros los ciudadanos no tenemos ninguna
posibilidad de hacer trampas, aunque quisiéramos”.
AQUÍ NO HAY POSIBILIDAD DE FRAUDE
¿Hubo alguna indicación, alguna línea para favorecer a alguien en
especial? Se le preguntó a Fahara.
“No para nada. A mí me tocó hacer el cómputo, contar y anotarlo en
el acta. Lo primero que se hizo fue sacar las boletas de la urna,
después separamos los del PRI, los del PAN, los del PRD, los de cada
partido, los nulos, todos los separamos por grupos”.
“Después a contar quién tenía más. Te pones nervioso porque atrás de
ti estaban los representantes de cada partido, bueno, la mayoría, y
son bien quisquillosos: que si ese es de mi partido, que se te pasó
uno, que ese es nulo, que ese no lo contaste bien, que no se te
pierda la cuenta, que otra vez los del PAN, así, estaban jode y
jode, entonces contamos los votos hasta cuatro veces”.
Con ello, continuó platicando Fahara “te pones un poco nervioso, y
es que eso es la parte más importante, pero gracias Dios todo salió
bien, se contaron los votos como debía de ser”.
¿Y durante la jornada, como se presentaron las cosas? Se le preguntó
a Juan.
Hace una mueca de aceptación. Asienta con la cabeza sin perder de
vista su trabajo.
“Bien tranquilo ¿tú crees? Yo pensé que iba a estar más complicado,
pero no. Hubo poca gente, eso sí, y había ratos que estaba vacía la
casilla, el calor estaba bien fuerte y de repente de aburres, te
quieres parar de la silla para estirar las piernas, pero no te
puedes separar de la mesa y eso fue lo más estresante”.
Fahara deja de hacer su trabajo y se concentra en la charla:
“Yo antes pensaba en que siempre había fraude, que se contaban los
votos, pero con ésta experiencia me di cuenta de que aquí no hay esa
posibilidad. Yo no simpatizo con ningún partido y la mayoría de los
que estábamos ahí estaban igual que yo, eran ciudadanos común y
corrientes”.
“La verdad con esto ya se puede creer en las elecciones, en que no
se puede, al menos en las casillas, favorecer a alguien en especial,
simplemente no puedes”.
Por su parte, Juan Antonio agregó: “Yo chequé en internet como quedó
el resultado de la casilla en que trabajé y es el mismo que yo misma
apunte en el acta, así que nadie puede decir que hubo fraude, aquí
se contó muy bien los votos”.
HAY GENTE BIEN “VOLADA”
¿Y los votos nulos, qué tal, hubo mucha intención?
Juan ríe y se avienta un chorro de agua que estaba tomando en el
momento del agua. Se limpia la camisa y continúa con las respuestas.
“Sí, hubo muchas maldiciones, nombre son bien volados. Habían
dibujos de manos así”, la muestra con su propia mano enseñando el
dedo mayor al frente, los demás hacia abajo.
“Otros más con dibujos del chapulín colorado, con maldiciones
escritas o que decían “voto por mí” en toda la boleta, y sí, hubo
bastantes”.
¿Qué te deja ésta experiencia? Se le cuestionó a Fahara
“Mucho, aprendí que las elecciones son limpias, que hay que
participar, que no hay margen para hacer trampas”.
¿Lo volv erías a hacer?
“Nombre, apenas me estoy reponiendo y y a me estas mandando a otras
elecciones. Pero sí, si me gustó la experiencia, sí regresaría”.
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