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¿Muerte?
Hola estimados lectores, heme aquí de nuevo con mi saludo, hoy
optimista, ya que he estado observando con mucha cautela cuál
esta siendo la transformación de nuestra sociedad, y en
apariencia, por lo menos, el betún de nuestra ciudad, esta
siendo aderezado de manera adecuada. Por ejemplo ya no se ve la
basura por doquier, de alguna forma se están ordenando los
flujos de trafico, aunque habemos unos que otros granujas que no
respetamos el derecho de los demás o la ordenanza policial, y
nos pasamos olímpicamente los semáforos, sin importarnos que con
esa acción nos exponemos a un accidente fatal, y lo peor es que
transgrediendo esa regla de trafico, arriesgamos a los demás por
nuestra imprudencia. Por otro lado parece que las policías se
dejaron de tratar de arreglar la inseguridad con desplegados en
los periódicos y trabajando cada una en su nivel, y solo
cooperando donde las tareas se juntan, han tenido buenos
resultados. Por ultimo otra maniobra cosmética esta siendo una
acción intensa de bacheo a las vías de comunicación, aunque una
medida definitiva es programar las vías de mas alto trafico a
pavimentación hidráulica, que nos cueste mucho una sola vez, y
no gastar a cada temporada de lluvias poco a poco, lo que hace
que a la larga nos salga muchísimo mas caro el ahorro.
Sin duda estos cambios en el macrocosmos social, harán que la
gente no siga incrementando la paranoia de la inseguridad y poco
a poco regrese a sus casas, a sus tareas habituales, a gastar su
poco dinero, regresando a los parques, a las salas de
espectáculos, a las plazas y de esta manera reactivar la
economía y recuperar la paz interior.
Aquí seria conveniente parafrasear a Francis Bacon que decía
“aquel que no aplica nuevos remedios puede esperar nuevos daños;
el tiempo es el mejor innovador”, seamos atrevidos, debemos,
como sociedad, crear nuevos esquemas para obtener paz social,
sin importar paradigmas, si es necesario el ejercito, que sea,
si hay que depurar las corporaciones policíacas, sea, si hay que
ir al gobierno y depurarlo también, sea, si hay que dictar
nuevas reglas sociales, hagámoslo, sin perder el objetivo
principal; valores sociales y paz.
Aquí abordare un tema que de manera, no menor, pero más de
conciencia que de conducta, la sociedad teme, como lo es “la
muerte”, palabra, que por si sola nos arrostra con nuestros
miedos ancestrales y nuestra miseria de vida, ya que de
enfrentarla como se debiera, nos enriqueceríamos
espiritualmente, aunque de forma económica tendríamos un costo
superior, pero tendríamos el coraje de invertir en hospicios,
para dignificar esos últimos momentos de los seres que han
fundado los cimientos de la sociedad actual, pudieron
equivocarse o no, pero invirtieron todo su tesoro que constaba
de juventud y salud y hoy se encuentran desvalidos con
enfermedades que los están arrastrando a los últimos momentos de
su existir y nosotros, como sociedad los ignoramos tan solo,
dejamos que cada individuo se las arregle por si solo o tan solo
dejamos que su grey trate de llevar lo mas humanamente posible
sus ultimas horas de vida.
Aquí deberemos entender que a través de este proceso tan poco
estudiado, tan poco respaldado, o conocido, las familias por si
solas salen de estas épocas de crisis, muy mal libradas y en no
pocas ocasiones nos toca saber de familiares que tienen varios
años con un duelo patológico que no saben como manejar.
Entenderemos que son pocas las formas o maneras que tiene la
sociedad para educarse acerca de este fenómeno, aunque sabemos
que un chico de 15 años a sabido de una millonada de muertes a
través de los juegos electrónicos y a través de los diarios
televisivos y escritos, el numero puede sumar miles, sin embargo
la educación por la muerte con la que contamos es:
La influencia que ejerce la muerte misma, y los muertos sobre la
sociedad de manera conciente o subconsciente.
.- La muerte de familiares, amigos, allegados. La influencia de
este fenómeno ha servido para la elaboración de obras artísticas
de algunos personajes.
.- Los muertos desconocidos. Anónimos como sus muertes, que
sirven para enseñar a los escolapios en las escuelas de
medicina.
.- Todos los conceptos o aproximaciones al concepto de muerte
desde distintas áreas del saber, llámese biología, sociología,
antropología, etc. Aquí la muerte se entiende como un contenido
de la instrucción en sus distintos niveles.
Es decir nos mantenemos en una instrucción donde la muerte es
meramente un ente educativo, que nos horroriza, si, pero que no
conocemos.
Ahora bien la palabra “muerte” por si sola tiene implícito un
mucho de dolor, de angustia de miedos, sobre todo ese miedo
irracional a lo desconocido, a la incertidumbre del mas allá, y
este miedo suele ser aprendido. Veamos, la sociedad como tal
niega la muerte por impía, por irreverente, por injusta, por
inoportuna, y todos los epítetos que deseemos agregar, sin
embargo aquí se presenta una situación ambigua, que se da de
forma permanente. Esta muerte se torna en un personaje incomodo
que se desea olvidar, incluso en los hospitales, en los lugares
donde se apilan los cuerpos para las diligencias de tipo legal y
las funerarias. El deseo de olvidar es más fácil para las
personas que no trabajan en dichos centros, que no están en
continuo contacto con la muerte y con sus miedos. En cambio el
personal que labora en las morgues, en los hospitales, en las
funerarias, incluso corporaciones policíacas, se sienten en una
situación hartamente conflictiva: como se es miembro de una
sociedad, esta de acuerdo y participa en el rechazo de la
muerte, en su marginación de la conciencia, en cambio como
agentes sanitarios y de investigación, esa misma sociedad les
encarga que luchen contra la muerte, que la descubran, que la
maquillen, de esta forma tienen plena responsabilidad sobre
ella. Es bien sabido que en los hospitales hay una regla no
escrita que evita que se llame a la muerte por su nombre, por lo
que en los expedientes clínicos se escribe, “fallecimiento”,
“mal pronostico para la vida”, “solo en espera del cese de las
funciones vitales”, en España llegan a escribir un vocablo
ridículo como lo es “exitus letalis”.
Aquí hablaremos de un conflicto difícil de mantener, sobre todo
cuando la muerte se adueña prepotentemente de la escena. Aquí
pondremos especial atención en el personal de los hospitales, ya
que en dicho personal sanitario, se apersona la muerte de forma
prepotente. Quien muere en un hospital, inicia un fenómeno de
resonancia, como un acorde dentro del caparazón de una guitarra,
de todas las angustias iniciando de forma automática, conductas
para esquivar la ansiedad que causa, conductas de huida y
separación de varios tipos, actitudes que de alguna manera
defienden de la angustia a dicho personal de salud, para, de
esta manera lograr el equilibrio, pero condenan al enfermo al
aislamiento físico y relacional. El bloque que se instaura
alrededor del paciente que esta condenado a morir, son, en
ocasiones, sustituidos por activismo de tipo técnico, cuya
finalidad es en apariencia “salvar” al enfermo, pero cuya
motivación mas profunda suele ser el apaciguamiento de la
ansiedad, del malestar y los sentimientos de impotencia y de
culpa ante la impotencia de no poder restituir la salud del
propio paciente. Se tratan pues de mecanismos de auto defensa
del propio personal, mecanismos de negación del personal
sanitario, que no esta preparado para aceptar la “pérdida”, es
decir el fracaso, la derrota de quien más o menos concientemente
se considera a si mismo, y es considerado por el enfermo y por
sus familiares como un “sanador omnipotente”.
Este personal sanitario considera el tema de la muerte como un
tema apasionante, porque de cierta manera engloba toda su
actitud ante los pacientes a los que atiende. Se torna un tema
diario, acuciante, al mismo tiempo se presenta como un planteo
filosófico profundo, quizá el más importante para el hombre.
Mucho depende de cual sea la relación del propio hombre con la
muerte en general, con la muerte del otro, con la muerte de su
familiar o con su propia muerte, que en una ultima instancia
será el reflejo de la relación con su propia vida. Es muy
difícil una actitud madura y serena del personal de salud ante
la muerte. Aunque la situación nos compromete afectiva y
espiritualmente en forma profunda, tratamos de crear un
comportamiento frente a ella que es lo mejor para nosotros, no
para el paciente, es decir, tratamos, la mayoría de las veces,
de sentirnos bien y esto no representa mas que una forma de
ocultar nuestro propio miedo, tratamos de evadir nuestros
sentimientos personales, de evadirnos, que no es mas que un
simple mecanismo de defensa. Mostramos una patente inclinación
de prescindir de la muerte, de eliminarla, de sacarla lo más
lejos posible de la vida misma.
En la sociedad actual la muerte se ha vuelto vergonzosa,
prohibida como el sexo en la época victoriana, se ha vuelto tan
prohibitivo que si hay una persona moribunda, se le aísla desde
todos los puntos de vista, solo permitiendo su acceso al
personal medico o técnico que examinará con su mirada fría,
estrictamente profesional, y a uno que otro de sus familiares
mas allegados. El caso es, pues, que hoy se oculta la muerte y
se evita todo lo que nos recuerde a ella, enfermedad, vejez,
decrepitud, etc. nada que tenga que ver con el mundo de los
muertos es aceptado en el mundo de los vivos. Esto se ha
traducido en un cambio radical en las costumbres y ritos
funerarios, así como en la concepción del duelo. Es mas, los
grupos de poder en nuestro hemisferio occidental, encuentran la
muerte, como una realidad obscena, escandalosa y peligrosa.
.- Es obscena, porque para el poder es obsceno todo lo que se
escapa a su control; la muerte, ya sabemos, es la gran
desconocida. Se le puede aceptar solamente haciéndola
científica, o utilizándola como amenaza o sanción.
.- Es escandalosa, porque es escandaloso, para el poder, todo lo
que es único e insustituible en el plano de las vivencias
humanas; ninguna muerte se asemeja a otra, porque la muerte
“esta fuera de toda categoría”.
.- Por otra parte, el grupo en el poder, que solo piensa en
términos abstractos y generales, rechaza la muerte
individualizante, a menos que se trate de una muerte ejemplar,
como la pena de muerte o el sacrificio del héroe.
.- Es peligrosa, porque para el poder es peligroso todo lo que
iguala. El pastor, el Presidente, el Rey, el mendigo, están
igualmente indefensos ante la muerte.
Por lo tanto el poder toma la actitud de banalizarla, tratando
de degradar su impacto e importancia, exponiendo a la
ciudadanía, de forma continua, a la muerte anónima, colectiva y
agresiva, permitiendo además su propagación de forma masiva en
forma de videojuegos, películas de acción, etc. Las
proporciones, el absurdo y el anonimato de la muerte violenta,
en nuestro tiempo, ha hecho que los vivos se distancien de los
muertos.
Otra forma de evadir la responsabilidad de estos grupos de
poder, es evitar hacerle frente de forma concreta, permitiendo
que se diluya en instituciones cada vez más incapaces de brindar
calidad, humanismo y dignidad a estas muertes, ya que en esta
universalidad es imposible mantener educado a todo el personal
sanitario, de esta forma evade la actualización de dichos
conocimientos, la edificación de instituciones especializadas,
para este tipo de actividades, como lo son los hospicios, y de
esta forma retrasa las disciplinas que pueden paliar este tipo
de fenómenos, como es la medicina paliativa, la geriatría y la
Tanatología, con argumentos tan ambiguos como “si se autoriza
una sola institución para que tenga Tanatólogo de planta, como
van a llenar todas las plazas de la republica Mexicana”.
Bueno estimados lectores no les distraigo mas con este tipo de
planteamientos, espero que estén observando los cambios para
bien que esta sufriendo nuestra ciudad, y si ustedes ven que
algún servicio no esta siendo eficiente, griten, muévanse,
llamen, denuncien, no seamos cómplices con nuestro silencio.
Hago una pequeña reflexión, a
manera de poesía, a cerca de la percepción de mi propia muerte.
MUERTE
Es tomar identidades etéreas.
Es degenerar de sujeto a masa.
Es la fe sin participación.
Es cuando la realidad trastoca la
fantasía.
Es convertirse extraño de uno
mismo.
Es ser tan abstracto que solo se
tocan las nubes.
Es atravesar la vida sin prosa y
sin poesía.
Es el miedo que se paraliza.
Es el terror que aniquila.
Es la ausencia de esperanza.
Es la inexistencia del amor.
Dr. José Octavio Gallardo.
Tanatólogo.
Adendum: Cabe mencionar que esta es una publicación semanal y la
puede buscar en esta sección todos los lunes. Además el último
viernes de cada mes nos podrá escuchar por la frecuencia 1420 de
AM en nuestro programa mensual, a las 10 p.m. y si tiene alguna
sugerencia o desea consultar o enviar su caso, se le atenderá en
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